Cada una de estas obras de Miguel Ruibal tiene la contundencia de un puente, y sus peligros. Cada aproximación hace indudable, al mismo tiempo, la fragilidad del acercamiento y la amplitud de derivaciones. Hay una incomodidad subyacente en cada figura que confronta al espectador y arriesga el rechazo, pero también cada cuadro ofrece la intuición de ser un retrato del desasosiego en común, una representación colorida de las dudas habituales, una invitación a una mínima certeza: detrás de cada careta, más allá de las manos que parecieran marcar distancia u ocultar un semblante, o incluso bajo los párpados cerrados del personaje que se adormece sobre una silla, existe una mirada igual a la nuestra que nos interroga, y se adivina más esperanzada con el diálogo que con la respuesta.
Alejandro Malo
Marzo de 2009
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Ver exposición en Artemis: http://www.artemis.com.mx/index.php?option=com_content&view=article&id=51&Itemid=30















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